El trabajo a demanda paga las facturas de este mes; los contratos de mantenimiento pagan las de todos los meses. Para un instalador autónomo, pasar de «me llaman cuando algo se rompe» a «me pagan por que no se rompa» es el salto más rentable que existe: ingresos previsibles, clientes fidelizados y agenda que se llena sola. Así se monta, se cobra y no se olvida ni un mantenimiento.
Por qué los contratos de mantenimiento son oro
- Ingresos previsibles. Diez contratos de 60 € al mes son 600 € que entran antes de coger la furgoneta. Esa base cubre los fijos (cuota de autónomos, seguro, vehículo) y quita presión al resto del mes.
- El cliente ya es tuyo. Quien te paga un mantenimiento no llama a otro cuando tiene una avería: la urgencia (que se factura aparte, y mejor) también cae de tu lado.
- Trabajo en valle. Las revisiones se programan cuando te conviene: rellenan las semanas flojas en lugar de competir con las urgencias.
Comunidades de propietarios, locales y comercios, calderas y climatización, garajes con sus centros de transformación pequeños, piscinas… casi todos los gremios tienen su versión.
Qué debe tener el contrato
Sin florituras legales, pero por escrito:
- Alcance: qué revisas, cada cuánto y qué NO incluye (materiales y averías suelen ir aparte, o con un tope).
- Precio y frecuencia de cobro: mensual, trimestral o anual. El cobro pequeño y frecuente duele menos y se cancela menos.
- Duración y renovación: lo habitual es un año prorrogable salvo aviso.
- Prioridad de respuesta: es el argumento estrella para venderlo («mis clientes con contrato van primero»).
El error clásico: facturarlo «de memoria»
Un contrato de mantenimiento vive meses o años. Facturarlo a mano cada mes tiene dos finales conocidos: o se te olvida emitir alguna (dinero perdido), o la emites tarde y el cliente paga tarde. La factura de un contrato debería emitirse sola el día que toca, con sus líneas fijas, y aparecer en tu listado como una factura más, lista para cobrarse (mejor aún, domiciliada por SEPA: ni la persigues).
La disciplina mínima si lo llevas a mano: un calendario con la fecha de emisión de cada contrato y una revisión semanal. La disciplina inteligente: que el software lo haga.
Cómo lo hace Thundrik
En Thundrik los contratos de mantenimiento son una sección propia: defines cliente, líneas, importe y frecuencia, y la factura se emite sola en cada vencimiento (con su registro Verifactu cuando lo actives). El listado te enseña la próxima emisión de cada contrato y cuántas facturas lleva generadas; los cobros se pueden domiciliar con mandatos SEPA y remesarse al banco en un clic. Y si un mes no toca facturar, el contrato se pausa y se reactiva cuando quieras. Pruébalo con la simulación: trae contratos de ejemplo con su histórico de facturas ya montado.