Acabas la obra un viernes, mandas la factura de 2.000 €, el cliente paga y te quedas tranquilo. Ahora contesta sin mirar: ¿has ganado dinero en esa obra, o has tapado su agujero con lo que sacaste en la anterior? Casi nadie sabe contestar, y no es por dejadez: es que el número no está en ningún sitio. Está repartido entre las horas que no apuntaste, el material que compraste a un precio que ya no es el de la tarifa y unos gastos fijos que corren aunque el martes no salga trabajo. Se puede montar, y no hace falta ser contable.
Tu precio hora no es lo que cobras por hora
El error más caro del gremio es fijar el precio hora mirando lo que cobra el de al lado. El precio hora se calcula de abajo arriba y tiene dos sumandos.
El primero es lo que cuesta la persona, que no es el sueldo: es el sueldo bruto más las cotizaciones a cargo de la empresa, más las pagas, las vacaciones, los días de baja y la formación. Todo el año, esté en la obra o no. Si el que trabaja eres tú solo, ese «sueldo» es lo que necesitas sacar limpio al mes más tu cuota y tus impuestos.
El segundo es la estructura: la furgoneta (cuota o amortización, seguro, combustible, ruedas, ITV, taller), el seguro de responsabilidad civil, la gestoría, la herramienta que se rompe y se repone, el teléfono, el software, el local si lo tienes. Esos recibos llegan en agosto igual que en marzo, y solo hay una ventana por la que entre el dinero para pagarlos: las horas que facturas.
Precio hora de coste = (coste anual de la persona + su parte de la estructura) ÷ horas realmente facturables al año
El divisor es donde se rompe todo. Ocho horas por unos 225 días laborables dan 1.800, y ese es el número que casi todo el mundo mete en la fórmula. Pero de esas ocho horas se van el desplazamiento entre dos avisos, la mañana en el almacén porque faltaba una pieza, el presupuesto que preparaste el jueves y no salió, las llamadas del administrador, la facturación del domingo por la noche y el papeleo del boletín. Apunta una semana normal con lápiz y saca tu propio número: ese es el divisor bueno, y sale bastante por debajo del que da el calendario. Quien reparte su estructura entre 1.800 horas y factura 1.200 se está comiendo un tercio de sus gastos fijos sin enterarse, obra a obra.
Y ojo: ese resultado es tu coste, todavía no tu tarifa. La tarifa es el coste más el margen con el que quieres vivir. Confundir las dos cosas es trabajar todo el año para pagar la furgoneta.
El material se gana sobre el neto, no sobre la tarifa
El almacén publica el magnetotérmico a 18 €. Tú tienes un 40 % en esa familia, así que sale de tu cuenta a 10,80. Si lo pones en el presupuesto a 18 y piensas que «va a precio de tarifa, sin ganar», te estás engañando: ganas 7,20, que es un 40 % del precio de venta. El margen se mide siempre contra lo que pagas tú, no contra lo que pone el catálogo.
Margen del material = (precio de venta - neto) ÷ precio de venta
De ahí sale la parte incómoda: el mismo artículo no te cuesta lo mismo en dos almacenes. Tu descuento no es un número, es una tabla. Uno te da mucho en aparamenta y poco en cable, otro al revés, y el pequeño de la esquina te deja mejor precio en lo que le compras todas las semanas. Presupuestar «a ojo, que eso vale unos 15 €» es tirar una moneda, y con veinte líneas por presupuesto la moneda sale mal muchas veces.

La cascada del descuento y el precio vivo
Cuando un artículo aparece en varias tarifas y con varias condiciones, hay que decidir qué precio manda. El orden que aguanta en el mostrador es este, de más fuerte a más débil:
- El neto que venga escrito en la propia tarifa, línea a línea. Si el fichero del distribuidor trae esa columna, ese es tu coste y no se le aplica ningún descuento encima: en las tarifas reales el neto casi nunca cuadra con recalcularlo sobre el bruto, porque hay escalas por unidad de embalaje.
- El descuento que el proveedor te tiene asignado como cliente, el que pactasteis y él tiene metido en su sistema.
- El descuento pactado por familia o grupo de la tarifa, cuando lo tuyo no es un porcentaje único.
- El porcentaje general que le tengas apuntado a ese proveedor, que es el que vale mientras no haya nada más fino.
Falta la fecha, que se olvida siempre. Una tarifa de distribuidor se mueve varias veces al año, y el cobre y el plástico no avisan. Presupuestar hoy con la tarifa del año pasado es regalar margen: el precio ya subió, y el que no lo subió fuiste tú. Peor todavía cuando el presupuesto se acepta tres meses después de mandarlo.

Sin partes y sin material imputado, esto sigue siendo una sensación
La aritmética es la parte fácil. Lo difícil es de dónde salen los números, y salen de dos costumbres de taller. La primera: el material se imputa a su obra cuando sale del almacén o de la furgoneta, no «al montón» para cuadrarlo a fin de mes. La segunda: las horas se apuntan en el parte el mismo día, con quién las hizo y separando las que no eran facturables (el viaje, la vuelta por la garantía, la visita para tomar medidas). Si esas dos cosas están, la rentabilidad sale sola; si no están, cualquier cálculo es una opinión bien vestida. Un parte de trabajo bien hecho es la materia prima de todo esto. Es aburrido, sí, y también es la diferencia entre «esa obra creo que fue bien» y «esa obra de 2.000 € dejó 312 €, un 15,6 %».
Si el número sale en rojo, no te bajes el sueldo
La reacción automática es apretarse el cinturón: menos sueldo, más horas, aceptar cualquier trabajo. Suele ser el camino corto a repetir el problema el año que viene. Mira antes estas tres cosas.
El precio hora. Si llevas dos años con la misma tarifa mientras el seguro, la furgoneta y el almacén han subido, el rojo no es mala suerte, es aritmética. El tiempo que no facturas. Media hora de almacén cada mañana pasa de cien horas al año, y alguien las paga: eres tú. Las horas de garantía y de repaso. Volver a una instalación es coste puro: si un tipo de trabajo te obliga a volver siempre, el problema está en cómo se ejecuta o en el material, no en el precio. Y si una misma clase de obra sale en rojo una vez tras otra, deja de mirar la obra y mira el precio de ese trabajo (o al cliente que lo encarga).
Cómo lo hace Thundrik
Cada obra tiene su bloque de Rentabilidad: lo facturado (base, sin IVA), la mano de obra (las horas de los partes valoradas al coste/hora de quien las hizo), el material imputado a precio de compra, el coste total y el margen en euros y en porcentaje. Al lado, el coste sobre presupuesto: avisa de «cerca del límite» al pasar el porcentaje que tengas fijado en Ajustes (por defecto, el 80 %) y de «sobrecoste» al superar el presupuesto. Las horas no facturables cuentan como coste (ese tiempo se paga) pero se enseñan aparte, para que veas cuánto estás regalando. En Informes tienes lo mismo para todas las obras en curso, una debajo de otra.

Con el material, la aplicación trabaja siempre con el neto y resuelve la cascada por ti: si la línea de la tarifa trae su propio neto, manda ese; si no, el descuento que tu proveedor te haya asignado desde su cuenta en Thundrik; y si tampoco, el porcentaje que hayas puesto tú en su ficha. Con ese neto cuentan el catálogo, los presupuestos y las comparativas. Si el artículo está vinculado al catálogo publicado de tu proveedor, su tarifa se lee en vivo: cuando él la sube, tu presupuesto de mañana ya va con la nueva sin que reimportes nada. Y en la ficha de cada artículo, «Proveedores que lo ofrecen» compara el neto de cada almacén y marca el más barato.
Dos cosas que no hace, para que no te lleves un chasco. El coste/hora lo tecleas tú (el de la empresa en Ajustes y, si mezclas perfiles, el de cada trabajador en Administración): la aplicación no lo deduce de tus nóminas ni reparte sola la estructura, aunque en Gastos fijos tienes el coste mensual y el anual para hacer la cuenta con datos y no de memoria. Y el descuento por familia no se edita hoy desde la pantalla: sigue contando cuando viene de una tarifa importada, y si la tuya trae el neto línea a línea, ese caso queda cubierto igual.
Si tu material vive medio en el almacén y medio en la furgoneta, ordena antes eso: el stock de la furgoneta es lo que hace que el coste del material sea un dato y no una estimación. Puedes probarlo gratis (30 días gratis, con todas las funciones y sin tarjeta).